Poniéndonos del lado de la tradición y
utilizando la imaginación con mesura, puede pensarse que tal vez
hubo una muy poderosa razón que, bien por voluntad propia o por
imposición, les obligó a los templarios de Xerez a no entregar la capitulación de la plaza,
como hubiese sido lo más lógico.
Posible cámara inferior en la Torre Sangrienta.
En su: Segunda guía de la España Mágica,
comenta Juan García Atienza al respecto sobre la resistencia de los
freires jerezanos: ...¿Por qué pues, si los reinos peninsulares
fueron bien tratados, ofrecieron semejante resistencia? Solo cabe
pensar, mientras no surjan pruebas en otro sentido, en que los
caballeros templarios poseían en estos lugares algo, ¿pero que? –
¿que era para ellos mas importante que la propia vida?...
Los valores espirituales pueden ser guardados
con celo, si además están unidos a la convicción de ser víctimas
de una gran injusticia, pueden incluso enardecer el orgullo y la
valentía hasta llegar a defender una causa insalvable, como puede
que ocurriera a nuestros caballeros.
¿…Se trataba entonces de la defensa de una
causa justa, agredida por la ignorancia y la codicia…? ¿…guardaban
acaso un símbolo espiritual con un gran sentido trascendente para la
orden…? ¿O es que lo que en realidad defendían eran objetos de
mucho valor material e intelectual...?
El enigmático Louis Charpentier nos
comenta en sus obras que era lógico que en cada encomienda se
dispusiera de un escondrijo apropiado, preparado generalmente en la
construcción inicial de la fortaleza o convento. Estas cajas
fuertes, servían para guardar las riquezas que generaban sus
negocios y posesiones: dinero, objetos litúrgicos de valor, libros y
documentos de propiedad (no olvidemos que el Temple ejerció la
banca).
Laurent de Vargas nos dice algo parecido: …Si
nos basamos en las costumbres de los monasterios de la época, es
probable que cada encomienda y establecimiento templario tuviera un
escondrijo donde se colocaban los bienes de valor. Este podía ser
una cripta, un subterráneo, una excavación en una pared. Estas
prácticas eran corrientes en la Edad Media, porque resultaba vital
protegerse de los cambios políticos imprevistos y de los raid de los
bandidos de todo tipo. Este escondrijo no era necesariamente de uso
permanente: podía servir sólo en caso de urgencia…
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Hasta que no aparezcan pruebas fidedignas jamás
llegaremos a saber si verdaderamente ocultaron algo y saber si fue la
causa real que les llevó a tan drástico ajusticiamiento. Quedan sin
embargo testigos, que bien mirados, podrían guardar la respuesta a
los acontecimientos sucedidos en aquel tiempo. La hipótesis en cuestión nace de la
observación continuada de las torres; pues si se estudian con
detenimiento, el sentido común te hace caer en la cuenta de que el
interior de la mitad inferior de los gigantescos baluartes son
totalmente desconocidos. Por supuesto que puede pensarse que dicho
interior pueda estar relleno de piedras y escombros, pero sería
menos favorable arquitectónicamente, pues con el tiempo, un empuje
añadido provocado por el peso de relleno, generaría una tensión
innecesaria y peligrosa en los muros laterales. Por tanto, lo más
probable es que sus interiores estén construidos de la misma forma
que la parte superior, o sea, huecos.
Instintivamente aparece la pregunta... ¿Por
qué desaprovechar un espacio gratuito tan amplio? Algún autor
también se han percatado del enigma arquitectónico y ha pensado de
igual manera, en la posibilidad de averiguar si efectivamente esto es
así.
El verdadero interés por la incógnita, surge
cuando comenzamos a estudiar detenidamente las líneas maestras de la
torre Sangrienta o del Homenaje, surgiendo entonces el número nueve
por todas partes y la sección áurea o número de oro en los
costados de la torre, en la proporción de la puerta bde acceso y en la cámara principal, el mismo repetido en las torres del homenaje de
Fregenal, Barcarrota, Burguillos, etc..
La cámara conocida coincide con ser la mitad
de la torre, pues si dividimos su altura (18 mts) en dos partes
iguales nos da un total de 9 mts, que marcan con precisión la altura
exterior de dicha zona habitable.
Veamos: las medidas de la torre son 10’64 de
larga por 7’35 de ancha por 18 mts de altura en su parte delantera,
oscilando sensiblemente a menos debido a la inclinación de la roca
sobre la que se asienta y le sirve de basamento. Estas medidas,
traducidas a codos medievales (0’49 aprox.) serían 21 codos de
largo por 15 de ancho y 36 de alto. Con estas cifras podemos comenzar
un juego matemático interminable, cuyo producto final parece querer
obstinarse en el número nueve, número guía de la orden del Temple,
veamos:
- Comenzamos con la suma de la altura de la torre en codos: 3 + 6 = 9; ahora dividimos la altura de la torre entre 2 (la cámara conocida y la supuesta): 36: 2 = 18, 1 + 8 = 9.
- Las sumas totales de la torre: 21 + 15 + 36 = 72; 7 + 2 = 9. Ahora, sumamos las medidas del rectángulo de la torre: 15 + 21 = 36, curiosamente nos da la altura de la torre, que sumadas 3 + 6 = 9, vuelven a darnos el mismo número. Y aún pueden combinarse más operaciones, derivadas de las tres cifras principales cuyos números claves son el 3 el 6 y el 9, veamos: 2 + 1 = 3, 1 + 5 = 6 y 3 + 6 = 9; 3 + 6 + 9 = 18; 1 + 8 = 9. ó 3 × 6 × 9 = 162; 1 + 6 + 2 = 9.
- Ahora combinamos medidas del rectángulo por la altura: 21 + 36 = 57 y 15 + 36 = 51; ahora sumamos 57 + 51= 108; 1 + 0 + 8 = 9 ó 5 +7 = 12 y 5 + 1 = 6, 12 + 6 = 18, 1 + 8 = 9. O también: 1 + 2 + 6 = 9.
- Seguimos con las multiplicaciones: 21 × 15 × 36 = 11.340; 1 + 1 + 3 + 4 + 0 = 9. Multiplicamos los valores del rectángulo: 21 × 15 = 315; 3 + 1 + 5 = 9. Ahora combinadas con la altura: 21 × 36 = 756; 7 + 5 + 6 = 18; 1 + 8 = 9 ó 15 × 36 = 540; 5 + 4 + 0 = 9.
- Pasemos ahora a estudiar la presencia del número Phi o áureo (1’618)
- Si dividimos la sala interior de la torre cuyo rectángulo mide 6’55 mts de largo por 4’09 mts de ancho y nos daría el número áureo 1’601.
- Los laterales este-oeste del edificio, cuyas medidas, 18 mts de altura divididas entre los 10’64 mts que da el ancho serían 1’691, incluso, contando con la oscilación de la base, podríamos medir 17’50 mts que divididos entre 10’64 serían 1’644 igualmente.
- La puerta de acceso a la torre, cuyas medidas son: 1’66 mts de altura por 1’02 de ancho, nos darían el resultado: 1’627.
DERECHOS RESERVADOS © Isidoro Terrón Calvo